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Con la polémica aún fresca de la falsa albariño australiana que en los últimos días seguía de plena actualidad internacional y ocupaba incluso un lugar destacado en la web de Jancis Robinson, el interés por nuestras variedades autóctonas (bastante más rezagadas en extensión frente a las francesas, pero también tras la italianas) parece seguir creciendo a nivel internacional.
El caso de Australia, donde se elaboró el primer tinto monovarietal de graciano (antes incluso que el Contino español), es claro. Aquí también se cultiva tempranillo, la que es probablemente nuestra uva tinta más famosa. Tal vez si la albariño no fuera una uva tan de moda en la actualidad (sin duda, la variedad blanca española más conocida a nivel mundial), no se habría generado una agitación tan grande ante el descubrimiento de que lo que había viajado a las antípodas era la mucho menos mediática savagnin.
Los americanos, en cambio, tienen la albariño auténtica y se están aplicando a lanzar blancos monovarietales con ella. Casi todos los elaboradores interesados en las variedades españolas (y también en las portuguesas) están agrupados en la asociación TAPAS (Tempranillo Advocates, Producers and Amigos Society) de cuya existencia hablábamos hace tres años en estas mismas páginas. En este tiempo, sin embargo, el número de socios se ha incrementado de 40 a 70 entre productores y viticultores. Lo más curioso es que más allá de California están repartidos por las distintas regiones vinícolas del país: Oregón, Washington, Arizona, Texas e incluso en Ontario, en la vecina Canadá.
En tintos, la variedad central de la mayoría de estas bodegas es la tempranillo, pero también se cultiva graciano, garnacha o monastrell.
A mediados de junio, Tapas celebró su gran encuentro anual que incluyó un seminario y el obligado show room para ofrecer sus vinos a la cata. En el seminario, tal y como se refleja en Wines & Vines, salieron a la luz algunos aspectos interesantes. Por ejemplo, que la tempranillo ya figuraba como una variedad recomendada por la Universidad de California para ser cultivada en el Valle Central en fecha tan temprana como 1907. Sin embargo, no llegó a plantarse hasta mediados de los noventa gracias a la iniciativa de Earl Jones, pionero en el trabajo con uvas españolas en Estados Unidos y principal impulsor de Tapas.
El adalid de las uvas del Ródano en Estados Unidos y gran defensor del tapón de rosca, Randall Grahm participó también en la reunión y lanzó el mensaje de que “las variedades ibéricas podrían ayudar a los viticultores norteamericanos en el duro camino de la conservación y aprovechamiento del agua”, en relación a la buena capacidad de algunas de ellas para soportar la sequía.
¿Es posible que asistamos dentro de 20 años a una cata de tempranillos del mundo como hoy se hace de tintos de pinot noir de Borgoña, Nueva Zelanda y Oregón, por poner un ejemplo?
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